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Mi historia como programador: el que fui y el que ahora soy. 

Hay una versión de mí que escribía cada línea de código con mis dedos, desde la primera llave hasta el último punto y coma; tardaba días en levantar un nuevo módulo; horas en recordar la sintaxis de una consulta compleja; y segundos para frustrarme cuando algo no compilaba por un error tipográfico. Ahora, soy otra versión del mismo programador que fui. Aquí te cuento qué me ocurrió. 

Víctor Alfonso Pérez Cruz

Mayo, 2026

Soy ingeniero en sistemas computacionales. Trabajo como desarrollador Senior Backend en el sector privado. 

Trabajé para el sector público varios años. Allí el desarrollo de sistemas internos era lento por los muy largos procesos de requerimientos y aprobación. Allí la cultura que imperaba fue «si funciona, no lo toques», una suerte de política oficial. 

Fue ahí donde aprendí a valorar la claridad sobre la velocidad, y sin saberlo, me estaba preparando para algo que aún no existía en mi flujo de trabajo.

El cambio que no esperaba

Hoy desarrollo con inteligencia artificial. Y la diferencia no es menor. 

Cuando empecé a usar herramientas de IA para programar, cometí el error que comete casi todo el mundo: pedirle que escribiera código sin darle contexto. Los resultados eran mediocres. Código genérico, sin considerar la arquitectura del proyecto, con patrones que no correspondían a los que ya existían en la base de código. Pensé que la herramienta estaba sobrevalorada. Pero luego me di cuenta de que “el problema no era la herramienta… era yo”.

Lo que cambió todo fue entender que programar con IA no es dictar código, es redactar intención. 

Ahora invierto tiempo en describir el problema con precisión antes de escribir una sola línea: qué módulo estoy tocando, qué patrón sigue el proyecto, qué restricciones existen, qué debe y qué no debe hacer la solución. Ese trabajo previo, que antes consideraba burocrático, se convirtió en la parte más importante del nuevo proceso.

En el sector público aprendí a redactar oficios, especificaciones técnicas y planes de trabajo. Nunca imaginé que esas competencias pasarían a ser las más relevantes en mi actual etapa como desarrollador moderno.

Una característica que antes me tomaba cuatro o cinco días de desarrollo, hoy puedo tener su primera versión funcional en horas. No porque la IA sea mágica, sino porque el ciclo completo se comprime: menos tiempo buscando documentación, menos tiempo escribiendo código repetitivo, menos tiempo depurando errores de sintaxis.

El tiempo que se libera no desaparece. Se reinvierte en lo que realmente importa: revisar que la lógica sea correcta, que los casos bordes estén cubiertos, que el código generado sea mantenible y no solo funcional.

Un riesgo real: el vibe coding

Pero esta nueva y atractiva situación tiende trampas. La principal se llama vibe coding.  Consiste en aceptar el código que genera la IA sin leerlo, sin entenderlo, sin cuestionarlo. Te sientes productivo -y empoderado- porque el archivo que desarrollas crece rápido. Pero empiezas a acumular una deuda técnica de manera silenciosa e imperceptible.

Cometer el error de aprobar una implementación que «se veía bien» sin verificar que realmente hacía lo que debía, genera problemas muy graves.
Trabajo en sistemas de cobro escolar, donde un error en la lógica de descuentos o en el cálculo de conceptos puede afectar a cientos de familias. Ese descuido no es un bug menor.

La IA no tiene responsabilidad sobre el sistema que construyes. Tú sí. Y esa responsabilidad exige que cada bloque de código generado pase por tu criterio antes de llegar a producción. El tiempo que ahorras generando, debes invertirlo revisando.

Si trabajas en tecnología en el sector público, probablemente conoces la frustración de los larguísimos ciclos, de los recursos limitados y de la presión para mantener operando sistemas críticos con equipos pequeños. La IA no resuelve la burocracia, pero puede multiplicar de manera significativa la capacidad de un equipo.

El secreto

Hay dos habilidades clave que no se enseñan en ningún lenguaje de programación y que son clave:

  1. Saber redactar con precisión lo que necesitas construir; 
  2. Saber revisar con criterio lo que se generó. 

Son habilidades humanas, no técnicas. Y son las que marcan la diferencia entre usar IA como herramienta o depender de ella como muleta.

Si eres desarrollador, analista de sistemas o simplemente alguien que escribe código, te invito a probar este flujo de trabajo. No como sustituto de tu conocimiento técnico, sino para amplificarlo, y para proyectarlo. 

Empieza por un módulo pequeño. Describe el problema con detalle antes de pedir código. Lee cada línea que se genere. Cuestiona lo que no entiendes. Y mide el tiempo.

El programador que dejé de ser escribía solo. El programador que ahora soy trabaja bien acompañado, pero sigue siendo el responsable de cada decisión, porque esa responsabilidad no se delega.

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*Víctor Alfonso Pérez Cruz es Ingeniero en Sistemas Computacionales, Desarrollador Senior Backend.  [email protected]

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