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Beth Noveck: Partamos por aprender para qué sirve y para que no sirve la IA; y después regulemos

Pareciera ser que, a veces, hay mucha prisa por regular la inteligencia artificial. En esta entrevista, Beth Noveck argumenta que la prioridad número uno es aprender qué es y qué no es la IA; entender para qué sirve y para qué no sirve; descubrir cómo tener bajo control a la herramienta IA para impedir que ella tome el control de tus decisiones. Se trata, a fin de cuentas, de identificar el aprovechamiento óptimo de la IA para gobernar mejor.

Mariano Garza Cantú

Septiembre, 2026

Noveck es la primera estratega en jefe de inteligencia artificial del estado de Nueva Jersey (Chief AI Strategist). Su trabajo ha influido de manera significativa en iniciativas de transformación digital en todo el mundo, sobre todo en gobierno abierto. Beth lideró la estrategia de gobierno abierto del entonces presidente Barack Obama.

Durante el 2º Foro Internacional de Transformación Digital 2026 realizado en Tijuana, Baja California, Noveck concedió una breve entrevista a Eileen Matus, directora general de Reg(X) Simplificando la Función, consultora en asuntos legales y regulatorios vinculados con inteligencia artificial. En la conversación, Noveck examina cómo la inteligencia artificial puede transformar la relación entre la ciudadanía y el sector público, y subraya que desarrollar las capacidades de las personas servidoras públicas debe ser prioritario para que las instituciones aprovechen adecuadamente las herramientas de IA.

Para Noveck, la IA tiene el potencial de hacer más inteligentes a las instituciones y con ello mejorar los servicios públicos; pero eso solo ocurrirá si aprendemos a utilizarla como una herramienta en la que «los seres humanos estén al mando». Y destaca un par de ejemplos en Bogotá y Brasil, donde la IA se emplea para facilitar la participación ciudadana en la elaboración de presupuestos y de leyes. La clave, insiste, es priorizar el desarrollo del talento humano para garantizar que la tecnología sirva al bien público, y después -no antes- proceder con los marcos regulatorios que se requieran.

Sigue la entrevista completa, que fue editada con fines de claridad.

Eileen Matus: La innovación tecnológica -inteligencia artificial, ccómputo en la nube o la biometría- avanzan más rápido de lo que pueden adaptarse nuestras leyes, presupuestos públicos y cultura organizacional. ¿Cuál es el costo que un país como México paga debido a esta brecha entre innovación y gobernanza? ¿Dónde deberíamos centrar el esfuerzos para reducirla?

Beth Noveck: Existe un enorme potencial para utilizar estas herramientas con el fin de ofrecer mejores servicios a la ciudadanía, involucrarla en tareas de ggobierno, y mejorar la eficiencia y la eficacia de nuestras decisiones. ¿Por qué? Porque estas herramientas son la siguiente generación del procesador de textos y de la calculadora; son los mejores instrumentos que existen para procesar, interpretar y utilizar informaciónlo que le permitirá a nuestras instituciones ser más inteligentes en su manera de gobernar y de trabajar. Pero no podremos hacer realidad esa visión, ni podremos cerrar esa brecha, ni aprovechar la oportunidad para dar un salto cualitativo en el desarrollo del gobierno digital, a menos que seamos capaces de acelerar nuestro aprendizaje sobre cómo utilizar estas herramientas.

Lo primero y más importante es aprender cómo aprovechar la IA; aprender para qué sirve;aprender qué funciona y qué no funciona y, en esa medida, buscar cómo mejorar la entrega de servicios. 

Pero este aprendizaje debe hacerse bajo una premisa fundamental: nosotros, los humanos, debemos estar al mando de las cosas, y no someternos a su dictado. La IA debe estar disponible y al alcance de la mano para que podamos utilizarla, pero no puede estar por encima de nosotros. Somos los seres humanos quienes debemos usar la IA como una herramienta, y no al contrario. Entender esto, y llevarlo a la práctica requiere de mucho aprendizaje.

Eileen Matus: Me interesa la manera en que las tecnologías emergentes pueden fortalecer la confianza pública y mejorar la toma de decisiones. Su trabajo sobre inteligencia colectiva y gobernanza participativa son muy convincentes. En ese sentido, ¿cómo cree que la inteligencia artificial transformará la relación entre los gobiernos y la ciudadanía durante la próxima década?

Beth Noveck: La inteligencia artificial no cambiará nada. Es la manera en que utilicemos la inteligencia artificial la que podrá cambiarlo todo. Resulta muy fácil afirmar que la IA hará esto o aquello. Sin embargo, existe una oportunidad que muchas personas ya están aprovechando para utilizarla con el fin de escuchar mejor a la ciudadanía e interactuar con ella.

En Bogotá, por ejemplo, están utilizando la IA y WhatsApp para consultar a la ciudadanía sobre cómo ejercer los presupuestos y gastar el dinero. En Brasil, el Senado utiliza la IA para permitir que la ciudadanía proponga iniciativas legislativas y sugiera preguntas que deben plantearse en el Poder Legislativo. Cuando miles de personas hablan, resulta muy difícil escucharlas. En Brasil utilizan la IA para ayudar a interpretar, resumir y analizar lo que las personas están diciendo. 

Los gobiernos están desbordados por la cantidad de información que necesitan escuchar, pero ya es posible utilizar la IA para comenzar a resumirla, analizarla e interpretarla. Así es como la IA ahorra enormes cantidades de dinero y tiempo. Pero, más importante aún, puede multiplicar y acelerar la capacidad del gobierno para interactuar con la población, siempre que la utilicemos con esos propósitos.

Eileen Matus: Si tuviéramos que priorizar un solo pilar durante los próximos cinco años para lograr que la transformación digital en México sea verdaderamente inclusiva, segura y eficiente, ¿Deberíamos concentrarnos en la infraestructura tecnológica, en los marcos éticos y regulatorios o en el desarrollo del talento humano? 

Beth Noveck: Los ordenaré por importancia. Creo que debemos comenzar por el talento y el desarrollo humano porque, sin ellos, ¿cómo se podría regular eficazmente estas tecnologías? ¿Cómo podemos garantizar que la innovación florezca y, al mismo tiempo, contener el inmenso poder poder de un puñado de plataformas privadas? Hoy por hoy, lo legisladores están aprobando leyes sobre los deepfakes, lo cual es, probablemente, uno de los asuntos menos importantes y urgentes relacionados con la IA.

El trabajo regulatorio es muy importante. Pero nunca podrá ser abordado adecuadamente, si las personas no saben de qué se tratan estas nuevas herramientas de IA; si no saben qué se puede hacer con ellas y qué no se puede hacer con ellas; o si no saben, en resumidas cuentas, cómo utilizarlas correctamente, y para qué utilizarlas. 

Así que esta es mi elección: primero las personas, después la regulación y, al final, las plataformas.

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