En el mundo de los trámites, en el de las telecomunicaciones, y en el del equipamiento tecnológico, Sonora se ha regido por un principio: Simplificar y ordenar lo que hay, antes de acometer la transformación digita. Así por ejemplo, bajaron el switch de todos sus servidores y reiniciaron solo aquellos que fueron solicitados. El ahorro fue descomunal.
Por Mariano Garza-Cantú
Abril 2026
Cuando Alfonso Durazo llegó a la gubernatura de Sonora, la estrategia de innovación tecnológica estaba en abandono. No había un área rectora y el grueso de las dependencias operaban más como soporte técnico que como unidades de transformación estratégica, y contaban, además, con equipamiento tecnológico obsoleto.
Ese es el escenario que describe Luis Javier Ortega, titular de la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones (ATDT), que fue creada para ordenr y ofrecer dirección. Una ventaja con la que contaba el estado era el área de Dictaminación Tecnológica, adscrita a la Contraloría: un mecanismo que obliga a las dependencias a cumplir estándares técnicos para garantizar infraestructura escalable e interoperable, y que pone orden en las compras de gobierno. “Es algo muy valioso que no había visto en otros estados; cuando conformamos la Agencia, atrajimos esa área”, dice Ortega.
El diagnóstico inicial del Registro Estatal de Trámites y Servicios reveló que, aunque se reportaban 750 trámites, en realidad existían más de mil: procesos duplicados, fragmentados y difíciles de digitalizar. El primer paso fue simplificar; el segundo, digitalizar.
La Agencia cuenta con tres direcciones generales: Gobierno Electrónico, que diseña conceptualmente el trámite y traza el diagrama de flujo; la Comisión Estatal de Mejora Regulatoria (Cemerson) -que pronto se convertirá en la Dirección General de Simplificación Administrativa- que analiza el impacto regulatorio; y Desarrollo Tecnológico, que construye los sistemas con un modelo de fábrica de software.
La simplificación administrativa implicó unificar formularios, homologar requisitos y convertir múltiples variantes en un solo trámite con distintas modalidades. En algunos casos, nueve trámites se redujeron a uno.
Gracias al análisis dependencia por dependencia se redujo el universo de tramites a 321, y la meta es llegar a unos 260. Sobre esa base se avanza con la digitalización: hoy, 131 trámites están digitalizados a un ritmo de entre dos y cuatro por semana, y la meta es alcanzar el 80% al término del sexenio.
El objetivo, aclara Ortega, no es solo digitalizar sino alcanzar interoperabilidad. Para ello se construyó el Expediente Digital Ciudadano de Sonora: una plataforma que centraliza la información y concentra los trámites y servicios disponibles, integrando mediante APIs los que ya están digitalizados. “Buscamos que el expediente se convierta en el canal único para las interacciones digitales con el gobierno”, explica. De los 131 trámites digitalizados, 50 ya operan dentro del Expediente. La aplicación Sonora Digital complementa este ecosistema como punto de contacto directo con la ciudadanía: permite resolver trámites, consultar información oficial, acceder a licencias, realizar pagos y gestionar perfiles para personas morales. El dato, concluye Ortega, es la meta: “Aspiramos a generar bases de datos estructuradas que nos permitan tomar decisiones de política pública basadas en evidencia”.
Telecomunicaciones: menos infraestructura, más eficiencia
En conectividad, Sonora partió con una pregunta básica: ¿Qué infraestructura ya existe y cómo puede aprovecharse mejor? El diagnóstico identificó 466 torres de telecomunicaciones estatales; mediante consolidación y coordinación con infraestructura federal, el número bajó a 157 sin afectar la cobertura. El mismo principio se aplicó a los servicios de internet: antes, cada dependencia contrataba por su cuenta.
Un ejemplo claro: en el Centro de Gobierno, que concentra cerca del 34% de las oficinas estatales en el centro de Hermosillo, cada oficina tenía su propio contrato con distintos proveedores.
Con una licitación unificada por puntos geográficos —donde un edificio entero era una sola partida, sin importar cuántas dependencias alojara— se agruparon más de 200 partidas y el gasto anual cayó de 42 a 13 millones de pesos.
La estrategia también incluyó el anillamiento de redes de fibra óptica, conectando tramos propios con los de CFE Telecomunicaciones e Internet para Todos (CFE-TEIT) en los seis municipios más importantes. Para comunidades alejadas, la ATDT opera en tres frentes: intermediación ante municipios para instalar torres de CFE-TEIT en predios disponibles; apoyo en seguridad a la iniciativa privada en zonas de difícil acceso; y renta de infraestructura estatal a operadores privados en regiones remotas como la sierra. El resultado es que Sonora ocupa el primer lugar nacional en proporción de usuarios de internet: según la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2024 del INEGI, el 91.3% de la población mayor de seis años es usuaria de la red.
Sistemas legados: empezar desde cero
Un tercer frente fue el de los sistemas legados. Sonora operaba con múltiples portales y aplicaciones sin mantenimiento, muchas de las cuales nadie reclamaba como propias. La respuesta fue radical: apagados programados. Servidores completos se desactivaban y solo se reencendían los sistemas que las dependencias reclamaban como necesarios, lo que eliminó una capa entera por obsolescencia.
Todos los portales institucionales migraron a un mismo gestor de contenidos, con estándares unificados de seguridad, monitoreo y actualización. El rediseño incluyó además la migración a un nuevo centro de datos e implementación de autenticación multifactor y acceso mediante VPN.

En los tres frentes —trámites, conectividad y sistemas legado— la lógica ha sido la misma: simplificar antes de digitalizar. Nada de construir sobre el caos, sino ordenar primero. Esa decisión, que parece de sentido común pero rara vez se toma en cuenta, es lo que distingue la apuesta tecnológica de Sonora: la infraestructura digital no como fin, sino como consecuencia de un gobierno que primero entendió cómo funcionaba.
