Por Mariano Garza-Cantú
Enero 2026
Después de cinco años, el Índice de Desarrollo Digital Estatal se convirtió en una herramienta de trabajo: Gobiernos estatales y municipales lo descargan, lo usan para diseñar agendas digitales y medir avances, y académicos lo consultan para sus investigaciones. El Índice lo realiza el Centro México Digital cuya presidenta es Salma Jalife.
Esta es la primera de dos entregas que recogen nuestra conversación con Salma. Aquí exploramos cuatro ejes: la soberanía tecnológica y su relevancia para reducir la dependencia del exterior; la geopolítica en el marco de la inteligencia artificial tensionada por la competencia entre Estados Unidos y China; la asequibilidad tecnológica donde los costos de conectividad y dispositivos representan una barrera estructural para la población de menores ingresos; y finalmente, el rezago en la interacción digital entre ciudadanos y gobierno.
¿Qué se entiende por soberanía tecnológica en el contexto mexicano?
La soberanía tecnológica consiste en que México dependa cada vez menos del exterior, tanto en infraestructura como en soluciones digitales. Implica construir redes propias de telecomunicaciones, un backbone nacional de fibra óptica y repositorios de datos —en lo posible abiertos— que permitan reducir brechas de ancho de banda y de acceso.
“Que en cierta medida se vaya dependiendo cada vez menos tecnológicamente del exterior, no solo de lo que se produce en el exterior, pero que también responda a una ética más afín a la idiosincrasia mexicana, sus costumbres y culturas”, dice Jalife.
Supone también privilegiar software abierto y contenidos orientados a problemáticas locales, con un enfoque fuerte de inclusión: comunidades indígenas y afromexicanas, personas con discapacidad y perspectiva de género e interseccionalidad. Todo ello dentro de una política integral de transformación digital con componente claro de soberanía.
En el índice se menciona que México está definiendo principios y un marco legal adaptable para la IA con una mirada geopolítica. ¿Qué significa esto y cuáles son sus implicaciones prácticas?
“La discusión se sitúa en un tablero dominado por Estados Unidos y China, que compiten por la primacía tecnológica”, afirma Jalife. Quien lidere la inteligencia artificial y las tecnologías emergentes marcará el rumbo de las guerras del futuro, más tecnológicas que bélicas en el sentido tradicional. México forma parte de bloques clave, como el T-MEC y los acuerdos transpacíficos, y eso lo obliga a tomar decisiones más firmes sobre su posición geopolítica.
En lo práctico, el país debe dejar de ser consumidor pasivo y convertirse en desarrollador de tecnología, con infraestructura robusta de datos, centros de supercómputo y puntos de intercambio de tráfico que eviten cuellos de botella. Y todo ello bajo esquemas de estandarización y cumplimiento de normas técnicas que lo coloquen como socio estratégico creíble.
Varios países están desarrollando sus propios modelos de IA para reducir la dependencia tecnológica y proteger su seguridad nacional. ¿México está trabajando en esta dirección? ¿Debería hacerlo?
México sí debería avanzar en esa dirección, aunque no necesariamente replicando el modelo de los Large Language Models. El trabajo de jóvenes en Veracruz que exploran Small Language Models más especializados muestra que el país podría dar saltos cuánticos hacia soluciones adaptadas al contexto local.
La clave está en quitar sesgos a modelos extranjeros, incorporar comprensión del entorno mexicano y ganar relevancia cultural. Al respecto, Jalife dice: “la comprensión del contexto local que a veces tienen esos grandes modelos es muy heterogénea o nula”. También hay un componente de seguridad nacional: depender por completo de modelos externos abre vulnerabilidades en información crítica.
En este marco se ubica la nueva supercomputadora anunciada para México, cuya arquitectura se diseñará ad hoc para necesidades como cambio climático, y el Grupo Ecos de IA y supercómputo, donde gobierno, academia, industria y sociedad civil definen infraestructura, educación y vinculación internacional.
La asequibilidad tecnológica es un reto país, no solo estatal. ¿Existen sugerencias o soluciones de cómo se podría atender este tema?
El gran problema ya no es tanto la cobertura como el costo para la población de menores ingresos. La UIT recomienda no gastar más del 2% del ingreso en conectividad y dispositivos; en el primer quintil de ingreso en México, el gasto real ronda 7.5%. Una laptop de gama baja equivale a 44.1% del ingreso mensual y un teléfono inteligente a 19.3%, lo que empuja a elegir el móvil aunque no ofrezca todas las capacidades.
La propuesta es focalizar programas tanto en hogares como en micro y pequeñas empresas, y revisar esquemas de aranceles e impuestos que encarecen servicios y dispositivos. Si se quiere formar talento en IA desde secundaria hasta posgrado, la computadora sigue siendo esencial, y el índice ha detectado una caída en su adquisición.
“En algunos estados lo han tomado como un reto y he visto que están queriendo hacer agendas digitales y ver cómo pueden atender esa falta de asequibilidad en las zonas donde donde lo han detectado”, dice Jalife, pero el reto sigue abierto.
Solo el 37% de los mexicanos usa internet para interactuar con el gobierno. ¿Este porcentaje es bajo? ¿Qué se necesita para superar esos niveles?
“Un 37% es claramente insuficiente si se compara con una penetración general de internet cercana al 80% en la población mayor de seis años”. La pandemia fue un catalizador que aceleró en pocos años transformaciones que se proyectaban para décadas, pero el avance se dio desde una base muy baja: predominaban las redes sociales y la comunicación, no los trámites digitales de punta a punta.
Jalife explica que muchos servicios digitales solo consistían en publicar información sin cerrar el ciclo en línea. La cifra cayó después por varias razones: regresó la prioridad a la atención presencial; los procesos en línea siguen exigiendo visitas a ventanilla o pagos físicos; hay problemas de accesibilidad y de compatibilidad técnica entre dispositivos; y los cambios de gobierno han implicado, en algunos casos, retrocesos, incluso en herramientas para personas con discapacidad.
Para la entrevistada, una meta mínima razonable sería superar el 50% y aspirar al 70%, con tres condiciones: buen diseño de trámites interoperables bajo ventanilla única, campañas de alfabetización digital masivas y promoción sostenida de los canales en línea.
Para descargar y conocer más detalles del Índice de Desarrollo Digital Estatal 2025, realizado por el Centro México Digital, puedes ir a la siguiente dirección:
