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La IA puede ayudar a nuestros líderes a ser mejores

En este artículo que fue publicado originalmente en The Times (edición escocesa), Beth Simone Noveck sostiene que el uso democrático más importante de la IA es ayudar a los gobiernos a escuchar. A partir de ejemplos de Camden y Escocia, el texto explora cómo la IA podría ayudar a las instituciones públicas a procesar aportaciones ciudadanas a gran escala.

Beth Somone Noveck*

Cuando los titulares hablan de IA, destacan el dinero y el miedo. ¿Qué empresas dominarán? ¿Qué empleos desaparecerán? ¿Nos destruirá la IA?

Lo que falta en esa conversación es una posibilidad más interesante: usar la IA para ayudar a que las democracias funcionen mejor.

Los gobiernos recopilan más datos e información pública que nunca —consultas, solicitudes de servicio, encuestas, redes sociales— pero la mayor parte de ella se queda sin leer. Un ayuntamiento puede recibir 10,000 respuestas a una consulta ciudadana de planificación urbana y no cuenta con la capacidad para darles sentido. Cuando los ciudadanos participan y nada cambia, la confianza en las instituciones se erosiona. En treinta países de la OCDE, el 44 por ciento de las personas reporta poca o ninguna confianza en su gobierno nacional.

Podemos usar la IA para resolver la sobrecarga que aqueja a nuestras instituciones y, al mismo tiempo, hacerlas más receptivas. En Camden (Reino Unido) por ejemplo, el ayuntamiento lanzó el mayor ensayo de democracia participativa de Gran Bretaña, utilizando herramientas impulsadas por IA para ayudar a los residentes a definir el futuro de la atención social para adultos. La tecnología permite a las instituciones escuchar a la escala que las personas exigen para ser oídas.

Camden es un ejemplo funcional de IA diseñada para ayudar a los gobiernos a volverse más inteligentes a partir de la sabiduría colectiva de las comunidades a las que sirven. Pero sigue siendo una excepción, porque todavía no hemos abordado los desafíos de la democracia como un problema resoluble.

Escocia tiene un historial de innovación democrática que pocos países pueden igualar —presupuestos participativos integrados en el gobierno local, experimentos pioneros en deliberación pública y, recientemente, un intercambio de partes interesadas en el Instituto de Futuros de la Universidad de Edimburgo (EFI, por sus siglas en inglés) que explora cómo deberían gobernarse los datos y la IA.

La universidad alberga más de 60 años de investigación en IA y la supercomputadora nacional del Reino Unido. La pregunta es si alguien será capaz de conectar esas piezas, construyendo una IA que logre que la participación democrática funcione a escala, y no solo como experimentos aislados.

Gran Bretaña y el resto de los países debería establecer un programa de investigación dedicado a la IA democrática, respaldado con fondos públicos, encargado de construir las herramientas que los ayuntamientos, las autoridades sanitarias y los departamentos de planificación realmente necesitan. No se trata de crear otro comité asesor u otro libro blanco, sino de crear un compromiso financiado y de largo plazo. Cada ayuntamiento, cada autoridad sanitaria y cada departamento de planificación enfrenta el mismo problema: más demandaciudadana y menos personal, es decir, problemas más grandes.

La IA democrática es la forma de resolverlos —y el país que construya primero estas herramientas las exportará a cada democracia que las necesite.

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Conoce más sobre el novísimo libro de Beth Simone Noveck, «Reboot: AI and the Race to Save Democracy» (Reinicio: la IA y la carrera para salvar la democracia), en https://rebootdemocracy.ai/book

Beth Simone Noveck * Es la autora de Reboot: AI and the Race to Save Democracy (Yale University Press, 2026). Es profesora en Northeastern University, con nombramientos en derecho, ingeniería, políticas públicas, comunicaciones y ciencias de la computación, y dirige The Burnes Center for Social Change y The Governance Lab. Su trabajo se centra en la «IA Democrática», es decir, en cómo utilizar la IA para fortalecer las instituciones democráticas y mejorar el desempeño gubernamental. Anteriormente trabajó en la Casa Blanca, en el 10 de Downing Street, y asesoró a la Cancillería alemana, además de fundar la White House Open Government Initiative. Dirige InnovateUS, que ofrece formación gratuita para el sector público, así como su iniciativa de investigación, el Observatory of Public Sector AI, la mayor recopilación de datos sobre el sector público y su uso de la IA. Creó AI for Impact, que diseña e implementa herramientas de IA de código abierto para mejorar los resultados públicos. En 2026, Beth se incorporó a la Australian Resilient Democracy Network como Global Fellow, así como a la Harvard Kennedy School como Policy Fellow. Puedes leer más sobre Beth aquí y textos escritos por ella aquí.

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