El Estudio Hábitos de los Usuarios de Internet 2026 elaborado por la Asociación de Internet MX, y publicado en mayo de 2026, retrata a un país más digitalizado: las personas pasan más de seis horas conectadas, usan inteligencia artificial, compran en línea, realizan operaciones bancarias digitales y habitan de forma permanente las plataformas sociales. Pero trás esa hiperconectividad, hay una tensión: el ciudadano digital mexicano se volvió más selectivo, más cauteloso y desconfiado.
Por Mariano Garza-Cantú
Junio, 2026
Durante años, el debate sobre internet en México giró alrededor de ampliar cobertura, llevar conectividad y digitalizar servicios. Es una agenda que todavía no concluye. Pero el estudio sugiere que el país entró en una nueva etapa donde la conectividad deja de ser el principal obstáculo. El reto hoy pasó a ser la construcción de confianza digital.
El estudio registra que el tiempo promedio de conexión diaria es de 6 horas, aunque el 24% de los usuarios pasa más de nueve horas diarias conectado, y otro 11%, entre siete y nueve. De ellos, 67% se conecta principalmente para mensajería instantánea, el 62% para redes sociales y 41% para operaciones bancarias o transferencias.
Ya no se trata de acceso
La conexión permanente ya forma parte de la vida cotidiana: internet dejó de ser un canal adicional para convertirse en el espacio principal de interacción, entretenimiento, comunicación y consumo: El 77 % de los usuarios se conecta regularmente desde el hogar y 22 % desde prácticamente cualquier lugar.
Las barreras tradicionales también muestran signos de retroceso. El 43% afirma no tener problemas para conectarse. Y cuando los obstáculos persisten, ya no remiten a la ausencia de infraestructura, sino a la velocidad, la calidad del servicio o el costo: 24% menciona que la conexión en su zona es muy lenta y otro 24% reporta problemas técnicos constantes con su proveedor. Esas barreras no han desaparecido ni dejan de merecer atención, pero hay indicios de que el problema central se desplaza hacia una dimensión más compleja: la legitimidad de los entornos digitales.
La pregunta es si confía lo suficiente para relacionarse digitalmente con instituciones, plataformas, servicios automatizados y sistemas de inteligencia artificial.
Las principales preocupaciones de los usuarios orbitan alrededor del fraude, la privacidad y el robo de datos: 63% teme el robo de información personal; 62% dice haber sido víctima de fraude; el 54% tiene miedo de recibir virus en sus dispositivos, y el 35% teme exponerse a noticias falsas. Es la paradoja más contemporánea: la ciudadanía depende cada vez más de internet y, al mismo tiempo, percibe el entorno digital como riesgoso.
Para quienes promueven la transformación digital desde las instituciones públicas, esta realidad arrastra consecuencias precisas: La identidad digital, los expedientes electrónicos, la automatización, la interoperabilidad, o el uso de inteligencia artificial exigen niveles de excelencia tales, que sean capaces de vencer la desconfianza ciudadana.
La ciudadanía debe tener suficiente confianza en las plataformas digitales del sector público, para que pueda interactuar de manera remota con sistemas automatizados; debe saber que sus datos personales estarán bien resguardados, o que los algoritmos que se vayan a utilizar abonen en su favor. Se trata de lograr que las personas acepten que una fracción de sus vidas dependan -sin mayores aprehensiones- de instituciones digitales. Y esa confianza no se construye únicamente con tecnología.
El estudio retrata una ciudadanía que valida más antes de decidir. Aunque 54% reconoce que la publicidad en línea influye en sus decisiones, 23 % aclara que primero busca más información en redes o sitios web antes de dar por buena lo que se anuncia. La gente compara, cuestiona y evalúan cada vez más antes de creer.
El informe entrega un mensaje incuestionable: La interacción presencial seguirá vigente por mucho tiempo debido a que no es suficiente subir servicios a internet para que su adopción se produzca de manera automática.
Así, la experiencia de usuario pasa a ser central: la transparencia, la claridad sobre el uso de datos, la percepción de seguridad, las interfaces amigables y la profunda simplificación administrativa, se vuelven componentes esenciales para el diseño de servicios y políticas públicas.
El estudio confirma que internet dejó de ser exclusivamente social para volverse también transaccional: 47% realiza compras en línea y 44% paga servicios por esa vía. Entre quienes aún no compran en línea, las razones principales siguen siendo la desconfianza y el hábito: 29% afirma que no le parece seguro hacerlo y 21% prefiere pagar en efectivo.
El estudio también revela una contradicción notable en torno a la participación política digital. Aunque 40% afirma tener mucho o bastante interés en participar en asambleas virtuales sobre temas que le afectan directamente, solo 37 % está de acuerdo con que los partidos políticos usen tecnologías emergentes e inteligencia artificial para acercarse a la ciudadanía. El dato apunta a que existe apertura hacia nuevos mecanismos digitales de participación, pero no necesariamente confianza hacia quienes los organizan. Para gobiernos y actores públicos, eso implica que digitalizar espacios de participación no garantiza legitimidad: la confianza institucional vuelve a aparecer como el verdadero cuello de botella.
¿Y la inteligencia artificial? La misma tensión
El estudio revela que 50 % de los usuarios utiliza herramientas de IA. De ellos, el 44% considera que hacen que su trabajo sea más productiv; 34% considera que influye negativamente, y 20% admite desconocer sus beneficios o riesgos.
La ciudadanía incorpora la IA en actividades cotidianas: 41% la utiliza para aprendizaje y educacin; 36% para comunicación, y 34% para creación y edición de contenido digital. El 59% asegura sentirse cómodo con herramientas de IA generativa para tareas personales o laborales. Incluso los chatbots superaron parcialmente el rechazo inicial: 59 % de los usuarios los ha usado alguna vez y, entre ellos, 70 % califica la experiencia como eficiente o muy eficiente.
Para los gobiernos, esto representa una presión creciente. Los ciudadanos comenzarán pronto a esperar servicios públicos más automatizados, personalizados e inmediatos, pero exigirán garantías sobre privacidad, transparencia y supervisión humana. Sin confianza, hasta los sistemas técnicamente más avanzados enfrentan resistencia, desuso o sospecha permanente.
El Estudio de Hábitos de los Usuarios de Internet 2026 esboza el siguiente escenario: una ciudadanía altamente digitalizada, habituada a interactuar en línea, pero cada vez más consciente de los riesgos del entorno digital. Eso transforma la naturaleza del reto para quienes trabajan en innovación pública. La siguiente frontera del gobierno digital no es únicamente tecnológica. Es institucional. Conectar ciudadanos fue apenas el principio; convencerlos de que pueden confiar es el verdadero desafío.
Ver el estudio completo en: https://www.asociaciondeinternet.mx/

