Llevar conectividad a todo un estado no es un problema que tenga una sola solución. Lo que funciona en una entidad puede ser inservible en otra, dependiendo de la geografía, los recursos y las decisiones políticas. En Jalisco, la respuesta tomó la forma de una empresa pública orientada a garantizar acceso a internet en los 125 municipios y a conectar escuelas, hospitales, dependencias gubernamentales y servicios urbanos críticos.
Por Mariano Garza-Cantú
Marzo 2026
De acuerdo con Juan Pablo Fernández, director general de la Agencia de Conectividad y Acceso a Internet de Jalisco, la construcción de la red estatal arrancó bajo el mandato del gobernador Enrique Alfaro y ha seguido evolucionando con Pablo Lemus, hasta convertirse en uno de los sistemas de conectividad pública más grandes del país.
Red Jalisco —como todo el mundo la conoce— combina distintas tecnologías para adaptarse a la diversidad geográfica del estado. Según el terreno y la infraestructura disponible, la conexión puede llegar a través de fibra óptica, enlaces de microondas o conectividad satelital.
El eje central de la red es una infraestructura de fibra óptica de unos 6,000 kilómetros desplegados a lo largo del estado. Para dar una idea de esa escala, Fernández la compara con la distancia aproximada en línea recta entre Guadalajara y Brasil. Eso, según el entrevistado, posiciona a Red Jalisco como una de las redes estatales de conectividad más grandes de su tipo en el mundo.
Pero más que el tamaño, lo interesante es el modelo. La red opera como una asociación público-privada en la que participan el gobierno estatal y proveedores de telecomunicaciones como Total Play y Bestel, que comparten la infraestructura de fibra óptica entre los tres.
La operación, explica Fernández, se financia en buena medida con el ahorro que genera centralizar la conectividad gubernamental. “Lo que pagas de mantenimiento prácticamente se compensa con el ahorro que representa tener toda la red centralizada”, dice.
El cálculo de Fernández es el siguiente: si cada uno de los aproximadamente 16,000 puntos conectados tuviera que contratar un enlace comercial a precios de mercado, el costo acumulado superaría con creces el presupuesto anual de mantenimiento. Bajo esa lógica, el ahorro por evitar esas contrataciones individuales permite cubrir los costos operativos del sistema, cuyo presupuesto anual es de 600 millones de pesos.
La red de fibra óptica cuenta con 96 hilos, de los cuales 6 son utilizados por el gobierno estatal para operar sus propios servicios. A través de esa capacidad se conectan miles de puntos del sector público: escuelas, hospitales, centros de salud, dependencias gubernamentales, cámaras de videovigilancia, semáforos, reguladores de tráfico, centros recreativos y espacios públicos.
En total, la red da servicio a casi 16,000 puntos conectados en el estado. De esos, 9,000 son planteles de educación básica y 1,800 son dependencias públicas entre instituciones estatales, federales y servicios municipales.
Como en casi todos los proyectos de este tipo, uno de los retos más complejos ha sido llegar a las comunidades más aisladas. En algunas zonas del norte del estado, la geografía hace prácticamente imposible tender infraestructura terrestre. Ahí se han usado enlaces de microondas o conectividad satelital, y Fernández menciona incluso casos en que el equipo tuvo que transportar la infraestructura en helicóptero por la ausencia de caminos o suministro eléctrico.
Aun en esos entornos extremos, la red ofrece velocidades de entre 50 y 100 megabits por segundo, suficientes para servicios educativos y administrativos.
El reto de la autosustentabilidad
La Agencia cuenta con un NOC (Network Operations Center) para supervisar el funcionamiento de toda la red: monitorear fallas, detectar puntos caídos y coordinar tiempos de reparación. Es operado por más de 20 personas. También tienen un SOC (Security Operations Center), con un equipo de 5 personas dedicado a proteger la integridad de la red frente a ataques cibernéticos.
No es poca cosa: Red Jalisco recibe entre 150,000 y 200,000 ataques diarios. Para diseñar la arquitectura de seguridad han trabajado con empresas especializadas del sector.
La trayectoria de Fernández —que viene del sector privado y ha trabajado en empresas de telecomunicaciones— ha sido clave para consolidar la operación de Red Jalisco con una lógica más cercana a la de una empresa privada. Las compañías participantes tienen sus propias cuadrillas y métricas claras de servicio y tiempos de respuesta. Si no los cumplen, enfrentan penalizaciones.
Fernández asegura que la red da servicio a casi 3 millones de usuarios en condiciones normales. Pero para eventos internacionales como el Mundial de Fútbol 2026 —donde Guadalajara será sede—, se espera llegar a 6 o 7 millones de personas, sobre todo en eventos masivos para ver partidos en espacios públicos. Por eso se trabaja en ampliar y reforzar los puntos de conexión.
Después de varios años de expansión, la red parece haber superado su fase inicial de cobertura. Según Fernández, el proyecto ha logrado cerrar entre el 80% y el 85% de la brecha digital estatal. Sin perder de vista el 15% restante, el foco ha empezado a desplazarse hacia una segunda etapa: aprovechar la infraestructura ya instalada para habilitar servicios digitales más avanzados.
El mayor desafío, sin embargo, sigue siendo estructural. Como órgano público desconcentrado, Red Jalisco tiene que generar sus propios recursos y ser completamente autosustentable, sin depender del presupuesto público para su operación.
La agencia está facultada para vender servicios a mayoristas de internet, rentar sus 15,000 postes a empresas que los necesiten, e incluso negociar intercambios de capacidades con otros proveedores. Pero, admite Fernández, es prácticamente imposible que esas fuentes alcancen para cubrir los 600 millones de pesos que cuesta operar la red cada año. Incluso con estos retos financieros, Red Jalisco es un referente importante entre los esquemas para cerrar la brecha digital.

